Para Una Familia de Houston, la Lucha Libre es el Sueño Americano

Para Una Familia de Houston, la Lucha Libre es el Sueño Americano (10)
Daniel Kramer

José Ruiz comenzó a recobrar el conocimiento mientras yacía en el suelo. La sangre corría por su brazo derecho, en el que se ve un tatuaje con la imagen de sus difuntos padres. Ruiz se hirió al caer sobre una superficie de concreto y rodar por una plataforma de madera. Lo cierto es que había juzgado mal su lanzamiento desde el cuadrilátero de lucha libre. Le dolía intensamente la cabeza y bajo su máscara la piel de la frente estaba visiblemente lesionada.

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Pero esa no fue la primera vez que el luchador, conocido con Big Crab (Cangrejo Grande) había fallado. El tope suicida, un movimiento de lucha libre en el que el luchador se lanza desde las cuerdas del ring hacia donde se encuentra su oponente en la parte inferior, no fue preciso y su contrincante en ese torneo de lucha, King Kata, se desplazó demasiado hacia un costado.

Dos años después, en el norte de Houston, Ruiz se vio ensangrentado nuevamente. Era domingo e irónicamente los chicos habían ido a celebrar el Día del Niño, una festividad latinoamericana que destaca la importancia de los pequeños en la sociedad. Sin embargo, lo que vieron los niños fue a un par de hombres sangrando.

Ruiz, haciendo de Pingüino frente a otro luchador de Batman, estaba con las manos y las rodillas sobre el suelo. Se sentía mareado después de haber recibido el impacto de una silla contra su cabeza. La sangre emanaba de una pequeña herida en su frente, lo cual es parte de los gajes del oficio de luchador.
“El borde de la silla me rajó la cabeza. No me di cuenta de que estaba sangrando. El golpe de una silla es real, no puedes fingirlo”, dijo Ruiz.

La lucha libre es una forma de combate, cuerpo a cuerpo, que se ha propagado de México hacia Estados Unidos. De hecho, se originó en territorio mexicano en la década de 1930. Sin embargo, ha tomado elementos y también ha influido en la lucha profesional más tradicional que vemos en la televisión estadounidense.

En su forma extrema, como la practica Ruiz, se derrama más sangre y se percibe como algo más peligroso que la lucha tradicional. Las lesiones son comunes, según dicen luchadores y promotores de esos eventos. Y muchos practicantes de lucha libre que han llegado recientemente de México, incluido Ruiz, carecen de seguro de salud y tienen que pagar de su propio bolsillo la atención médica cuando se lesionan en los torneos.
Aunque en un inicio esta forma de lucha sangrienta parezca ilegal, sobre todo si hay menores involucrados, técnicamente este tipo de práctica deportiva violenta no infringe ninguna ley, al menos en Texas.

Yadira Ruiz says she knows it’s in her sons’ blood to wrestle.
Yadira Ruiz says she knows it’s in her sons’ blood to wrestle.
Daniel Kramer

El Departamento de Regulaciones y Cumplimiento de Leyes, que da seguimiento y otorga licencias a deportes como el boxeo y las artes marciales, no presta atención a la lucha libre. Para los que quieran practicar la lucha, los promotores de esos eventos tienen que abonar 60 dólares por la solicitud y garantizar que los competidores han sido sometidos a un examen clínico integral, realizado por un médico competente, y que han obtenido una identificación federal para poder luchar.

“En otros estados, si no estás al día con lo del chequeo médico, o lo que sea necesario, no te permiten luchar”, dijo Paul London, quien fue competidor de World Wrestling Entertainment (WWE) y en la actualidad es luchador del programa Lucha Underground que dura una hora, se transmite en inglés en la televisión por cable y  está terminando su tercera temporada en televisión este año.

“No les importa si estás allí o en el evento principal sino que la gente vaya a verte”, añadió London. “No le dan importancia a nada de eso si no produces dinero, como si te hacen la prueba (médica) en ese momento”.

London es de Austin y ha luchado en todo el mundo, Sus años de formación los pasó en los circuitos locales de Texas. Él confirmó que Texas es uno de esos estados que no tienen regulaciones estrictas para la lucha profesional.

En el evento de lucha libre por el Cinco de Mayo, en el restaurante Cuchara de Houston, uno de los luchadores pareció sufrir una lesión en el cuello y se quejó de que no podía moverse. Había saltado desde la cuerda superior del cuadrilátero y al caer se precipitó sobre la lona.

¿Fue una actuación? Bueno, el público resopló y mucha gente alarmada se puso de pie. Varios luchadores corrieron al ring y alguien enrolló una toalla alrededor del cuello del luchador lesionado. Luego se lo llevaron de allí. La tensión entre la muchedumbre era palpable. Más tarde, sin embargo, ese luchador volvió al cuadrilátero.
No obstante, las cosas no siempre son así. Hace dos años un conocido luchador de lucha libre, llamado “El Doberman”, fue lesionado gravemente tras competir en un evento de equipo de tres hombres en Houston. Lo llevaron al Hospital Ben Taub, donde falleció. Su nombre verdadero era David Sims Juárez.

La causa de muerte, según la oficina del médico forense del Condado de Harris, fue un golpe en el pecho que le ocasionó arritmia cardíaca. El Departamento de Policía de Houston llevó a cabo una investigación por homicidio, pero no detectó nada mal hecho.

“En eventos como el boxeo, las artes marciales y la lucha libre, cuando alguien muere como resultado de un golpe que otra persona le ha propinado, eso suele considerarse como un accidente”, dijo un portavoz de la policía de Houston.

Oriundo de la ciudad de Piedras Negras en Coahuila, México, El Doberman también practicaba la lucha extrema. Aún se pueden ver en Facebook fotos promocionales donde él aparece bañado en sangre mientras mira hacia abajo a uno de sus contrincantes.

La sangre, los golpes de sillas y otros elementos, como las grapas y las bombillas fluorescentes rotas, no son ajenos a la lucha libre. Pero la lucha extrema es la que Ruiz espera siga atrayendo a mucha gente, a pesar de que ese deporte no suele ser muy bien pagado.

Ruiz y José Ponce, un luchador y entrenador del mismo estado mexicano de donde procede Ruiz, se han unido para formar una empresa llamada BCX. Ponce, de 37 años, es un luchador imponente, pero sorpresivamente ágil para su corpulencia maciza. Ponce lucha con una máscara de Blackstar. De hecho, las iniciales de la compañía se corresponden a (B)lackstar, (C)rab y X(treme).

Ponce ha estado mucho tiempo en este mundo. Estuvo luchando durante 17 años, luego como entrenador de lucha libre y también como programador de luchas. Y da la casualidad que estuvo en el ring compitiendo con El Doberman la noche en que éste perdió la vida.

“No me gusta hablar de eso porque fue un incidente para el que nadie estaba preparado. Es algo que puede ocurrir durante un encuentro de lucha libre, no sólo en ese”, expresó.
Ruiz, por su parte, está listo para hacer un cambio.

“He sido luchador, ahora quiero ser promotor, para poder pagarle más a la gente; para que no tengan que esperar por su paga. Si un luchador gana 40 dólares por encuentro, quiero garantizarle que gane 80 dólares”, afirmó Ruiz.

The restaurant Cuchara hosted a Cinco de Mayo wrestling event.
The restaurant Cuchara hosted a Cinco de Mayo wrestling event.
Daniel Kramer

Ambos luchadores admiten que esta empresa guarda mayor relación con la necesidad de tener algo propio, para poder continuar la lucha libre bajo sus términos.

Ponce añadió que siempre existe la posibilidad de obtener ganancias a largo plazo.

“Este es un negocio bueno si lo haces bien, como cualquier otro negocio”, afirmó.

Esta es su versión del sueño americano, algo que Ruiz espera transmitir a sus hijos adolescentes, quienes han estado practicando la lucha desde que eran muy jovencitos.

El padre de Ruiz fue un luchador conocido como Jaibo Ruiz. La jaiba es un tipo de cangrejo y Ruiz tradujo al inglés el nombre Jaibo: crab, cuando llegó a Estados Unidos. Así se convirtió en Big Crab. Su hijo Junior, de 17 años, se hace llamar Aéreo Crab, mientras que Daniel, el hijo de 13 años, ha adoptado el sobrenombre de Silver Crab (Cangrejo Plateado). La palabra ‘cangrejo’ encierra una conexión simbólica con el pueblo costeño donde nació en México.

Aunque su esposa, Yadira Ruiz, se siente preocupada con los peligros de este deporte, ella también considera que la lucha libre corre por la sangre de su marido y de sus hijos.

“No estoy completamente de acuerdo con que luchen, debido a los riesgos, y aunque me gusta hablar con mis hijos para convencerlos de que no sigan luchando y les digo que no lo hagan, sé que eso lo llevan en la sangre”, dijo.

La lucha libre existe en zonas urbanas de Estados Unidos donde haya una robusta población mexicana. Eso quiere decir que ese deporte se practica de costa a costa y de norte a sur.

Las regulaciones de la lucha libre son diferentes de las de la lucha tradicional estadounidense. La mayor parte de los torneos son de tres caídas, lo que implica que un contrincante tiene que ser sometido en dos de tres ocasiones. Asimismo, es una forma de lucha más rápida que no se corresponde con la economía de movimientos de la lucha estadounidense, en la cual el físico tiende a ser más importante que la técnica.
Otra forma en que la lucha libre se distingue de la lucha que vemos en televisión es mediante los lanzamientos de vuelo alto desde la parte superior de las cuerdas del cuadrilátero. Esta es una costumbre que los luchadores estadounidenses han adoptado en sus combates.

La lucha libre en Houston ha tenido sus altibajos en los últimos 20 años, según el promotor Carlos González, quien tiene gran experiencia en cuestiones de mercadeo y ventas, y ha trabajado para la radio y la televisión, además de ayudar a organizar en los últimos dos años varios eventos de lucha en Channelview, Pasadena, y en Houston.

Su primer evento de lucha libre fue cuando El Doberman falleció.

“Eso no es algo de lo que me siento orgulloso”, dijo. “Si hubiese tenido una forma de impedirlo, lo habría hecho”.

González añadió que las autoridades lo entrevistaron varias veces debido a ese incidente. Sin embargo, la tragedia no lo desvió de la promoción de eventos de lucha libre para audiencias más numerosas.

González soñó con convertirse en luchador cuando crecía en Monterrey. Según él, el ambiente de la lucha libre en Houston se apoya en la pasión y esa es la razón de los altibajos, ya que conlleva mucho esfuerzo organizar un evento.

“La gente a cargo de eso se cansa de llevar todo el peso. Si lo haces con frecuencia, se convierte en una especie de empleo, y si lo haces muy a menudo resulta difícil darle seguimiento”.

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González, quien suele colaborar con otros promotores mediante su empresa The Party Kings, ayuda con frecuencia para traer a luchadores mexicanos de alto calibre, lo cual explica por qué la gente está dispuesta a pagar entre 15 y 20 dólares para ver esos torneos de lucha libre en salones y a veces en los patios de restaurantes. Hasta ahora, sus eventos han sido moderados y han atraído una concurrencia de alrededor de 300 personas y algo más. Pero un evento de lucha en el que participen luchadores conocidos puede rendir ganancias de 40,000 dólares por torneo en la venta de entradas.

A finales de la década de 1990, según dijo González, un centro llamado El Colonial, cerca de Wayside Drive, en Houston, ofrecía de manera regular encuentros de lucha libre, para lo cual los organizadores traían a luchadores de pueblos fronterizos en México, así como algunos provenientes de zonas al sur de Ciudad de México. En estos momentos, hay unos cinco promotores que tratan de captar audiencias para espectáculos de lucha libre en Houston. Muchos de ellos pertenecen a la época de El Colonial.

En un evento reciente en el centro comercial PlazAmericas, en Sharpstown, González tuvo que lidiar con cuestiones de logística, ya que cientos de personas se interesaron en los torneos de lucha libre. González trajo a luchadores conocidos de México, como Laredo Kid y El Tigre, deportistas tonificados que acometían y se desplazaban por el ring con precisión y dinamismo. Ellos fueron parte de un evento principal que ofreció alrededor de media docena de luchas gratuitas.

Las cadenas de televisión Telemundo y Univisión, así como una tienda de colchones en el centro comercial, fueron los patrocinadores del evento. Después del torneo, miembros de la audiencia lanzaron dólares al cuadrilátero. También niños se acercaron al ring para depositar dinero que sus padres les habían dado. Esto es una antigua tradición en los eventos de lucha libre que González ha presenciado anteriormente.

“Eso empezó en Ciudad de México. La mayoría de los luchadores no son bien remunerados”, agregó. “Desde los principiantes hasta los que están en posiciones intermedias reciben poco dinero”.

González admitió que algunos luchadores reciben pagos de unos 30 dólares.

La cantidad aumenta en el centro del cuadrilátero, tal vez a 100 dólares, pero también menos.

El ganador del torneo se lleva todo el efectivo. Alrededor de una docena de luchadores tratan de conseguirlo. Todos se han presentado en torneos individuales en el evento dominical, pero uno por uno es expulsado del ring.

José Ruiz y sus hijos fueron eliminados del ring ese día. Según Ruiz, ellos no luchan por el dinero. Podrían obtener entre 50 y 40 dólares por luchar y arriesgar su salud en aras del espectáculo. El evento es lo más importante.

Ruiz ha ido y venido a Texas a lo largo de años. Su hijo mayor nació en Brownsville. Cuando Ruiz decidió ser luchador de lucha libre, ya tenía treinta y tantos años, una edad que muchos consideran como el comienzo del declive.

En el hogar modesto de Ruiz en Houston, en un espacio pequeño de la pared, él escribió “Crab Dysnasty” (la dinastía del cangrejo). Esta es la zona de su vivienda dedicada a los logros en lucha libre, que datan desde la época en que su padre, el Ruiz original, era un luchador.

Recortes de periódico enmarcados cuelgan de una pared. Algunos son viejos y se ven raídos. Muestran la imagen del mayor de los Ruiz sin máscara: un hombre de mirada diáfana y bigote.

También hay recortes de periódico donde aparecen los niños luchadores. El menor forcejeando con otro chico dentro del cuadrilátero. Ambos parecen estudiantes de la enseñanza primaria.

Los luchadores del clan Ruiz toman seriamente lo de sus identidades enmascaradas e hizo falta persuasión para que revelaran sus nombres verdaderos. El luchador enmascarado se compromete a mantener su identidad en el misterio.

“Si usas una máscara, nunca muestras la cara. Eso es parte del pacto que estableces con la lucha libre. Cuando único muestras la cara es porque apostaste tu máscara y la perdiste durante el torneo”, explicó Ruiz.
Ruiz vino a Houston hace un año y ahora entrena a sus hijos y hacen planes para el futuro, preparándose para el momento de abandonar el cuadrilátero. Eso vendrá pronto.

It may be choreographed, but there’s still real pain in lucha libre.
It may be choreographed, but there’s still real pain in lucha libre.
Daniel Kramer

De hecho, su padre nunca quiso que fuera un luchador.

“Decía que la lucha libre era sólo un deporte y que debía dedicarme a hacer otra cosa, como estudiar, destacarme y fundar una familia”, expresó Ruiz.

Pero al igual que su padre, él hace su vida real fuera del ámbito de la lucha libre. Ruiz trabaja como ebanista en una empresa local.

Tanto Junior como su hermano más pequeño, Daniel, asisten a una escuela pública en el sur de Houston. Cuando la familia llegó al área de Houston con sus visados se estableció en un apartamento de tres dormitorios en Pasadena, mientras José Ruiz se dedicaba a buscar trabajo y contactos para que sus hijos pudieran continuar el entrenamiento en la lucha libre
.

Cada adolescente ha tenido sus logros en la lucha libre. Daniel estudia la enseñanza intermedia y comenzó a aprender las técnicas de la lucha libre cuando tenía ocho años. Y a los 10 años ya competía en torneos. Ahora lo hace como un tipo rudo, ya que tiene 10 eventos a su haber.

Su rostro, aunque de facciones aniñadas, se ve curtido por los entrenamientos que hace tres veces a la semana junto a su padre y su hermano mayor. Daniel ha comenzado a perfeccionar sus movimientos aéreos.
“Hago esto por mi abuelo, porque sé que fue un luchador, y por mi padre que se convirtió en luchador, y luego mi hermano”, indicó Daniel, mientras se entretenía con un juguete girador de esos que están de moda, una distracción que no gusta a su padre. “Estoy siguiendo los pasos de mi papá, de mi abuelo, de mi hermano”.
Junior, como le dice la familia, comenzó a practicar break-dance, pero un buen día le dijo a sus padres que quería ser un luchador.

“Pensé que por qué no combinaba mis destrezas del break-dance con la lucha libre. Todo comenzó como una broma”, dijo Junior, de pie en su casa bajo un trofeo ganado por él: una máscara manchada de sangre que arrancó de la cara de otro luchador. “Cuando comencé a practicar la lucha libre, no pude detenerme”.
Junior ha aprendido a lidiar con el dolor.

“Desafortunadamente, durante uno de mis primeros encuentros de lucha libre, me dieron duro y quedé inconsciente por varios minutos. No recuerdo cómo me golpearon y cuando volví en mí me preguntaba qué había ocurrido”, dijo.

Una lesión en una rodilla, que sufrió en una lucha posterior, todavía lo afecta. Hace poco lo molestó durante unos ejercicios escolares del programa ROTC de su preparatoria.

“Tienes que aprender a resistir el dolor para poder practicar lucha libre. Soy un guerrero, y como me dice mi padre: ‘Cuando vas al ring es para golpear y ser golpeado, no para darse palmaditas ni para bailar’”, dijo sonriendo.

Junior añadió que su padre siempre le ha dicho que existe la posibilidad de entrar en el ring de pie y salir en una camilla. Por eso, él suele rezar y besar la colchoneta de lucha antes de un combate.

Cultura, familia e inmigración

La cultura y el aspecto familiar hacen que la lucha libre tenga albergue en Estados Unidos y al otro lado de la frontera.

“Lo lindo es que lo sientes como un fenómeno representativo de una comunidad de inmigrantes, es como una cuestión cultural, una comida de consuelo”, dijo Carlos Ávila, director del documental Tales of Masked Men.
Dicho documental, filmado en 2012, ha sido seleccionado recientemente por Netflix y es una de las obras definitorias de la historia de la lucha libre.

Aunque el cortometraje aborda los orígenes de la lucha libre en México, Ávila no pudo dejar de destacar cómo ese “deporte teatral”, como él le llama, llegó a Estados Unidos.

“Me sorprendí cuando estaba investigando para rodar el documental y vi que hay lucha libre en Atlanta, Georgia, porque ahora hay latinos que trabajan allí”, dijo Ávila. “Es una de las cosas que les recuerda a su patria y les permite experimentar algo familiar. De ahí que algunos promotores piensen: ‘Oye, ofrezcamos eventos de lucha libre en alguna parte de Atlanta, Georgia’”.

“Los promotores en Houston han dañado la lucha libre. Hay mucho talento que no es remunerado”, indicó el entrenador Ponce, quien considera que hay entre 25 y 30 luchadores de lucha libre en Houston.

Con dos hijas y una esposa, Ponce no proviene de una familia de luchadores, pero comenzó a interesarse en ese deporte como un pasatiempo en México. Según dijo, un amigo necesitaba que le ayudaran a organizar un evento de lucha libre y así comenzó todo.

Ponce, quien también trabaja en el diseño y construcción de viviendas, llegó a Houston legalmente hace cuatro años. Huía de la violencia en Reynosa, una de las zonas más violentas y letales en México debido al narcotráfico.

“Comenzamos nuestra empresa para ofrecer a la gente de Houston lucha libre de la verdadera, procedente de México”, dijo Ponce con orgullo.

Ese es el tipo de confianza que los conglomerados de lucha libre necesitan. Dorian Roldán Peña es parte de la realeza de la lucha libre. Él es productor ejecutivo de Lucha Libre Undergound, un espectáculo que se ofrece en el canal por cable El Rey, el cual fue creado por el cineasta de Austin Robert Rodríguez.

Peña es también el gerente general de Lucha Libre AAA Worldwide, uno de los dos equipos principales de lucha libre en México. El otro es CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre).

Peña indicó que su empresa aspira a tener una presencia mayor en Estados Unidos y que su objetivo principal es ofrecer eventos en vivo. Aunque Lucha Undergound presenta espectáculos itinerantes, es más como un programa televisivo de ficción. Pero Peña asegura que Texas, Nueva York y California son minas de oro para la lucha libre.

“Una de los objetivos que estamos tratando de lograr como empresa es hallar cómo usar todo el patrimonio que tenemos en lucha libre y crear un negocio verdadero en Estados Unidos”, añadió Peña, cuya empresa apuesta por el factor nostalgia.

Triple A, como se conoce mejor la promoción de lucha libre, no ve a WWW, la multimillonaria compañía de lucha en Estados Unidos como competencia, sino más bien como empresarios que invierten dinero en otras formas de entretenimiento, como los conciertos de música regional mexicana.

Promotores menores, como BCX, sólo están contribuyendo al impulso, según Peña.

“Estamos contemplando la panorámica del negocio de la lucha libre en Estados Unidos”, agregó. “Estamos esforzándonos mucho para determinar qué es lo que tiene sentido para pasar a otra etapa. Mi opinión es que todos estos promotores independientes están abriendo el mercado a nuestra empresa para lograr algo más grande".

Todo eso debe ser un buen presagio para Ruiz. Con sus tobillos lesionados y su cuerpo, que no se recupera como antes, él está dispuesto a aceptar que no puede seguir como luchador para siempre.

“No puedo alejarme de esto”, dijo en su casa-museo de lucha libre con puntillas oxidadas que sobresalen de las paredes y paneles de madera, pintados de blanco, que evidentemente necesitan reparación.

“Ahora comienzo a sentirme la edad, pero tengo deseos de oír al público gritando cuando entro en el ring”, dijo.
La idea detrás de la empresa BCX es llevar algo diferente a la lucha libre en Houston.

The Texas Department of Compliance and Regulation, which licenses boxing and mixed martial arts, doesn’t bother with wrestling.
The Texas Department of Compliance and Regulation, which licenses boxing and mixed martial arts, doesn’t bother with wrestling.
Daniel Kramer

La versión más sangrienta de la lucha libre no es algo que su esposa Yadira aprueba, pero ella está decidida a apoyar a su esposo.

La lucha libre radica en que los luchadores terminen un torneo como grandes súper héroes. Sin embargo, aunque los rostros y los nombres pueden ser olvidados, hay algo que nunca desaparece: el dolor.

“Los golpes que recibes en el ring duelen, son reales. Los golpes duelen cuando caes sobre el suelo del ring, cuando te recuestas a las cuerdas. Siempre terminas con los ojos amoratados”, expresó Daniel.

“Tienes que aprender a caer y a controlar el dolor”, agregó su hermano Junior.

No obstante, el más joven de los hermanos Ruiz considera que la lucha libre es un arte hermoso y dijo que cuando se encuentra en el fervor de un combate, el dolor no le molesta y los golpes no duelen mucho. Sin embargo, todo eso cambia cuando acaba el combate.

Y su madre Yadira siempre está presente en todos los combates.

“A ellos los mueve la pasión, pero en estos momentos nunca quiero perderme un evento de lucha libre porque si hay algún accidente, quiero estar ahí”, concluyó.


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